El Dinero no es Nada.

Parte Final.
Crónicas de una Ciudad Ficticia.

Mientras me acercaba nuevamente al zaguán de la casa con el agua, noté al hombre sentado en la silla cómodamente, casi acostado,  con  los ojos cerrados. Supuse que el cansancio y el agotamiento se habían apoderado de él. Al escuchar mis pasos se incorporó nuevamente en la silla,  frotando sus ennegrecidas manos sobre sus ojos, como espantando a Morfeo en una noche callada. Me miró y rápidamente me dio las gracias.
Y para no entrar en descripciones, ni hechos superfluos, que en realidad no aportan nada a la historia. En mi defensa debo decir que me daba mucho pesar volver a enviar a ese señor a la oscuridad de la carretera, por lo que le ofrecí un viejo chinchorro que podía tender en el zaguán de la casa, para que pasase la noche allí.
Una vez ya el señor se había bañado y comido algo, conversábamos sobre la serie de cosas que había pasado ese día, antes de llegar a mi hogar.
—Mi nombre es Eddie– dijo el hombre-  vivo en Ciudad Ficticia, aunque soy nacido en Mantua, (una pequeña población al occidente, en este País Artificial, aproximadamente a dos horas de distancia de este lugar)  donde todavía viven mis padres y unos hermanos. Siempre los vengo a visitar, esta es la primera vez que me quedo accidentado en la vía. Y ¿quieres que te diga algo hermano? El dinero no sirve para una mierda” tengo dinero y cuando me accidente, pasaron varias personas en carros y camionetas pickup. Hubo algunos que se detuvieron, les ofrecí dinero para que me remolcaran ¿y sabes qué? nadie quiso. Prefirieron dejarme allí, en esa carretera, en mitad de la nada. –Resaltó mientras fruncía el entrecejo y cambiaba notablemente su tono de voz.  -Lo interrumpí (porque en sus ojos y en su palabra pude ver y sentir un rastro de ira, ligado a una total frustración que no quise que atrajera hacia él, ni hacia mí; ya que las energías que esas emociones representan, a ninguno de los dos ayudaba en ese momento) y dije:
—No te preocupes, de casualidad, mañana voy a Ciudad Ficticia, podemos salir bien temprano, te llevo hasta el terminal de autobuses y ahí se consigue a alguien que sepa de mecánica de motos o si quieres te vienes conmigo a Ciudad Ficticia y allá ves cómo resuelves para venir a buscar la moto.
—No eso es imposible, debo llegar a Mantua… lo que si te voy a pedir es que me vendas una cabuya, un mecate, para remolcar la moto, por si acaso no consigo mecánico. –Respondió sin dudar.
—No te preocupes por eso, yo tengo mecates largos ahí.
— ¡De verdad! no sabes cuánto te agradezco lo que estás haciendo por mi hermano– Dijo  el hombre, visiblemente emocionado, mientras con sus manos estrechaba una de las mías, sacudiéndola con firmeza. 
Para que con  un movimiento recíproco decirle:
—Bueno vaya a descansar, mañana hay que levantarse temprano. 


Mientras me dirigí al sombrío salón para sofocar la llama de la pequeña lámpara de kerosene que a medias iluminaba mi humilde vivienda. (Por no existir electricidad en esta región, esos años,en este País Artificial.)
Debo confesar que, en la oscuridad, por unos instantes dudé sobre el desconocido que estaba acostado en un chinchorro en el zaguán de mi casa. Y es que entre la tranquilidad de una noche estrellada, una casita a orillas de una carretera intransitada y los temores e incertidumbres propios de un joven de corta de edad, son muchos los pensamientos que se pueden vislumbrar ¡Si por intentar ser un buen samaritano, el instinto de supervivencia llegara a fallar…! Aunque –gracias a Dios- para mí,este no fue el caso.

Horas después.

El nuevo día había llegado y con él las tareas matinales ordinarias que se revisten con cada ser. Fue una sorpresa para mí levantarme y encontrar a Eddie levantado, con el viejo chinchorro recogido y guardado en la funda en la que se lo entregue, listo y aseado para salir.
Luego del aseo y una fabulosa taza con café, bien caliente, abordamos el Chevrolet Caprice Classic, bien conservado, que oculto tras de mi casa; con dirección al terminal de autobuses.
Durante el trayecto conversaba, bastante calmado, sobre lo diferente que es viajar en carro y en motocicleta; la brisa en la cara, la sensación de volar y la libertad. A lo que no me quedó más opción que decir:
—“Nunca he montado una moto, no me llaman la atención.” -Palabras por las que el hombre, visiblemente extrañado, sonrió y dijo: 
—“No sabes de lo que te pierdes muchacho” […]
Al llegar al terminal, me agradeció enormemente por la ayuda prestada ofreciéndome una cantidad de simples (moneda oficial de este País Artificial) que no acepté, alegando que probablemente, a él, le haría más falta en ese momento. Por lo que me miró sorprendido, para nuevamente decir:
— ¿Ves?¡El dinero no sirve de nada! lo que tú has hecho por mí, no tiene precio,  no tendré nunca como pagártelo. ¿Cuándo estarás de regreso de la Ciudad? Para cuando me devuelva, pasar por tu casa, saludarte y devolverte el mecate.
—En tres días con el favor de Dios.–Respondí enérgicamente.
—Bueno muchacho cuidate, que Dios te acompañe, gracias por todo,  que tengas buen  viaje. –Se  despidió el extraño viajero que una noche, accidentado,  pasó por el frente de mi casa y allí durmió; el que creí no volvería a ver jamás. 

Yo emprendí mi camino hacia Ciudad Ficticia. Era un día muy especial, veinte de marzo, el cumpleaños de la mujer que más amé en toda mi vida… (Pero esa es otra historia.[…])

Tres días después.

Una vez de regreso en mi hogar, luego de la puerta de la entrada, en el pequeño zaguán, una extraña bolsa plástica “negra” llamó poderosamente mi atención y rápidamente la tomé y la abrí. Dentro de ella, el mecate, la cabuya que había dado días antes al extraño, un sobre cerrado y una nota que decía:

“El Dinero no es nada.” Detrás de tu casa, bajo la manta está el Virago 250 cc, que me dejó accidentado ese día,  ya está acomodado. La llave y los papeles están en el sobre...  “Rueda Libre, muchacho…”

***

Recordar ese día, me hizo sentir una intensa energía, como lava ardiente de un volcán, recorriendo mis venas.   Inspirándome esa fría mañana de enero, para con la misma efervescencia decir a Diana, la chica a mi lado.

“Vamos, hoy es un buen día para Rodar.”

***

¡Ha! casi se me escapaba.  Si volví a saber del extraño hombre. Lamentándolo mucho por las noticias. Cuando al perder el control de la motocicleta que conducía, perdió la vida.

Eddy Viloria. Que en paz descanses amigo y que Dios te tenga en la Gloria.

Gracias por leerme.                                                                                                   
Gracias por leer.

Crónicas de una Ciudad Ficticia.
Todos los hechos  narrados en este relato son mera ficción.
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia


Dios te Bendiga.
Cuídate y cuida de tus amig@s y familiares….
Esta ciudad es ficticia, la tuya es real…





6 comentarios:

  1. Muy buen relato pero... quedo a la espera de "la otra historia". Vos la insinuaste así que ¡a cumplir y con la fecha real NO FICTICIA.
    Abrazote.

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  2. Hola Egle, me agrada mucho saber que te ha gustado el relato... Ahora estoy entre la espada y la pared; la otra historia vendrá, a su debido momento, en la fecha, sabes que son historias reales que ocurren en una ciudad ficticia.
    Saludos, un Gran Abrazo.

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  3. Caray qué pena!
    Pobre hombre. Gracias talyuno.
    Feliz finde...

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    1. Hola Eva, sí una gran pena...
      Una buena persona que tuve la maravillosa suerte de conocer...
      que sigas bien y tengas feliz fin de semana. Dios te Bendiga.

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  4. Muy triste al final, pero dejo un buen mensaje, hoy en día hemos perdido ese concepto de ayuda al prójimo y hemos pensado solo, en nosotros,ya sea por la inseguridad o simplemente por egoísmo, y no vamos mas allá, y como cuentas el dinero nos agobia y pensamos que sin el no se vive y el dinero aunque nos ayuda y nos da comodidades no lo es todo, debemos recuperar la esencia humana y tratar de cambiar un poquito esta sociedad tan deteriorada

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    1. Así es Jessica, querida amiga... Un gusto leer tu comentario. Saludos... Que Dios te Bendiga.

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